Alba Gil Estrada

TESTIMONIO DE CÉLULAS MADRE EN RODILLAS.

IMG_7722ws_Norway_flag_1920x1200Mi nombre es Alba Gil Estrada. Tengo 37 años, nacida en Guayaquil, Ecuador. Actualmente vivo en Noruega. Hace nueve años, sufrí un severo ataque de asma. El tratamiento para curarlo se basó en corticoides. Una mala prescripción médica me llevó a una intoxicación producto de la sobredosis de dicho medicamento.

Las consecuencias fueron caóticas y terribles. La peor de todas fue la aparición de una enfermedad denominada osteonecrosis, que se presentó en ambas rodillas. Inicialmente, tuve ataques fortísimos de dolores en las rodillas. Al consultar con los médicos en Noruega, no pudieron encontrar nada. A medida que fueron pasando los años los episodios de dolor severos en las rodillas se fueron haciendo más seguidos y más intensos. Visité varios médicos, fui sometida a muchos exámenes. En todas estas ocasiones, fui mal diagnosticada.  Después de muchos años, varios médicos y errados diagnósticos, pudieron al fin diagnosticar la osteonecrosis, utilizando una resonancia magnética. Sin embargo, mi condición se deterioró cada vez más. Los dolores eran cada vez más intensos y el lapso entre ellos cada vez menos espaciado. Una vez más se hizo una resonancia magnética y pudieron constatar que mi caso se había agravado.

Entre consultas y discusiones, tardaron en volver a contactarme un año y medio. Para entonces, yo había salido embarazada de miIMG_7721 primer hijo, sin tener idea de que esto haría colapsar mis rodillas debido al peso propio de cargar una nueva vida en mi interior. Después de dar a luz, los dolores en mis rodillas se volvieron tan severos que me era casi imposible caminar, sentarme, agacharme, bajar o subir escaleras; era incluso un infierno ir al baño, subirme o bajarme del carro, no podía tampoco manejar ni realizar las cosas más básicas del día a día, como estar parada en la cocina por más de 5 minutos preparando la comida de mi hijo. Nada. Estaba prácticamente inválida.

En Noruega me ofrecieron como solución una silla de ruedas y unas muletas. En total desesperación y tras fallidos intentos de arreglar mi problema en Europa, finalmente decidí ir a Guayaquil en busca de ayuda. Tuve dos intentos fallidos con dos médicos con los que consulté. Uno de ellos dijo que la única solución era operarme las rodillas para poner implantes o injertos. El otro médico me dio un diagnóstico que, incluso, incluía la posibilidad de un cáncer. Ambos propusieron operaciones fuertes, invasivas, dolorosas, sin posibilidad de caminar durante meses y lo único que me garantizaban era que “a lo mejor volvería a caminar un poco normal” pero jamás podría hacer deportes, correr, cargar peso, ni hacer nada de las cosas que hacía anteriores a mi enfermedad.

Gracias a la recomendación de un médico amigo de uno de mis hermanos, llegó a mi vida el Doctor Carlos Chiriboga, quien me ofreció la opción del tratamiento con células madre. Muchas personas dieron su opinión al respecto diciendo que eso era un fraude, que no funcionaría, que no pierda el tiempo, que habían escuchado de casos donde se habían hecho este tratamiento y no habían funcionado...miles de cosas más. Sin embargo, mi familia me apoyó y me alentó para seguir adelante con el tratamiento propuesto por el Doctor Carlos Chiriboga. Lo hice en un acto de fe, sin saber qué resultados obtendría.

IMG_7720Han pasado 6 meses desde mi operación y soy otra persona. Poco a poco he ido recuperando la movilidad y la fuerza en mis rodillas. Empecé a hacer cada vez más cosas que hace mucho estaba impedida de realizar, como cargar a mi hijo y salir a caminar con él, ir al gimnasio y hacer ejercicios que antes me resultaban imposibles. Seis meses después, regresé a Ecuador para un control y ¡mis rodillas están perfectas! Puedo hacer una vida normal otra vez, puedo hacer deportes, correr, saltar, cargar a mi hijo, ir al gimnasio. He podido volver a vivir sin sentir los terribles dolores, el miedo, la angustia y el agotamiento físico y mental que la enfermedad me causaba. Esto ha cambiado mi ánimo para bien y al fin soy esa persona alegre y positiva que había quedado opacada por la gravísima situación que he descrito previamente.

El Doctor Carlos Chiriboga me salvó las piernas y me devolvió a la vida. Le estaré eternamente agradecida y me siento muy dichosa de haberlo podido encontrar en mi camino.

Muchas gracias

Alba Gil Estrada

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