Gaby

ws_Ecuador_Flag_1920x1200Yo llegué a su consultorio en muletas, después de un año de cirugías y tratamientos que aunque prometieron maravillas no dieron resultado. Tuve una fractura expuesta de tobillo a causa de un accidente de tránsito, no recibí atención adecuada de inmediato y se produjo una infección, pasé mes y medio hospitalizada y me llevaban tres veces por semana al quirófano para limpiezas. Luego me enviaron a casa y meses después volví al quirófano. Me hicieron un colgajo, injerto de piel e injerto óseo. Hice terapia a diario, usé muletas, bastón y volví a las muletas. El dolor continuaba. Me desesperé y busqué otras opiniones, una solución.

Antes de llegar a su consultorio, mi caso fue revisado por ocho traumatólogos de Guayaquil, por uno de España (a quien consulté por Internet, enviando radiografías y demás), y por una misión estadounidense que llegó a la ciudad (especialistas en ortopedia). La única opción que todos me dieron fue una cirugía para fijar el tobillo. A punto de creer que no me quedaba más que resignarme a que mi articulación nunca más iba a moverse, usted planteó otra opción, las células madre.

Usted me dijo que el tratamiento podía o no podía funcionar, y fue esa honestidad lo que me dio confianza. Decidí intentar la cirugía, aunque otros doctores dijeron que era un riesgo porque se podía reactivar la infección que había tenido. Yo confié en usted por el profesionalismo y la calidad humana que sentí desde la primera consulta. Hoy, al escribir esto, me emociono hasta las lágrimas. El tratamiento con células funcionó de tal manera que las nuevas personas que me conocen ni se imaginan que algún día tuve un problema para caminar.

Empecé a sentirme mejor incluso antes de la primera operación, con la terapia neural. En un año me sometí a dos cirugías de tratamiento con células madre y los cambios fueron notables desde la primera intervención. Cada día me fui sintiendo mejor, caminando mayores distancias sin dolor, acelerando el paso, agradecida y feliz de haberme 'arriesgado' a este tratamiento que muchos rechazan porque en nuestro país aún se considera experimental.

Al año siguiente, el dolor y la incertidumbre ya parecían parte de una historia lejana. Me había ido de paseo a largas caminatas por la playa, a recorridos en montañas de la Sierra, a aventuras entre terrenos lodosos de la selva... había bailado toda la noche en una fiesta. Mi familia y amigos no lo podían creer. Yo lo creía, lo vivía.

En el 2015, a dos años y medio de haber iniciado el tratamiento con células madre, fui a Machu Picchu y no sólo recorrí la tradicional ciudad inca, sino que ascendí la montaña del mismo nombre (3.082 msnm). Aproximadamente hora y media de subida y una hora de bajada, en un camino irregular, empinado y rocoso. A mí no me alcanzan las palabras para agradecer el haberme encontrado con usted y con este tratamiento. tobillo de Gabi en la cima del Machupichu después de CM

Hoy sigo descubriendo que puedo mejorar más y más. Hace varios meses empecé a practicar yoga de manera regular, casi cinco veces a la semana, y al inicio no podía mantener el equilibro con mi tobillo afectado ni por dos segundos, pero ahora lo logro por un par de minutos. Estoy segura de que seguiré mejorando. Y seguiré agradecida día a día. En cada paso.

¿Qué han significado para mí las terapias con células madre? Felicidad. 

Un gran abrazo,

Gaby

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